Los homosexuales y la posibilidad de casarse y adoptar hijos, una perspectiva actual

Sería absurdo, y con tintes completamente homofóbicos, negar sus derechos humanos y de tipos sociales, económicos, educativos y demás  a las personas, en base a su inclinación sexual. Y es que resulta absurdo categorizar o discriminar en base a las preferencias personales de cada quien.

O por lo menos, es lo que considero bajo mi perspectiva, más allá de los tintes religiosos que actualmente atacan y categorizan de pecado la homosexualidad, me pregunto ¿qué me importa lo que una persona haga, deje de hacer o le guste o no en su privacidad, a puertas cerradas? Si su actitud no me afecta, no tengo porque sentir agresión hacia mi persona.

Ahora bien, nuestras sociedades actuales no se rigen por el modo de pensar de individualidades, sino por el reconocimiento de derechos de masas o sectores que se sienten excluidos. Es esto, lo que actualmente ocurre con el grupo de homosexuales, o más contemporáneamente denominados sexo diverso, que abarca  Lesbianas, Gais,​ Bisexuales y Transexuales (LGBT).

Ya es hartamente conocido, los procesos judiciales y legislativos que en muchos países se han llevado a cabo para permitir el matrimonio entre personas de un mismo sexo, o matrimonio igualitario. En total, se suman 23 países a nivel mundial, a los que próximamente se adicionará Taiwán. En Europa, son 12 los países que lo permiten, en tanto que en América se adicionan 7.

Algunos países, permiten una figura legal similar al matrimonio. En estos casos, considero acertada dicha posición, y es que si se trata de países que por motivos religiosos o culturales no aceptan el matrimonio entre homosexuales, tampoco es válido imponerlo. Sin embargo, han conseguido una condición para garantizar que estos gocen de los mismos derechos que un matrimonio heterosexual.

Ahora bien, en cuanto al sistema de adopciones, es más espinoso el asunto. Solo 16 países a nivel mundial lo permiten. Muchos argumentos se amparan en ideas erróneas de la homosexualidad. Como por ejemplo, que los niños adoptados “serán homosexuales también”.

Sin embargo, tal vez la mayor barrera sea precisamente la cultural y es que en tanto no se deje de estigmatizar a los homosexuales, no se les permitirá conformar una familia. Siempre que se asegure la estabilidad mental, física y emocional del niño (como en toda adopción), el rechazo, las burlas y discriminaciones son los ejes a tratar.

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Ricardo Frazier